La presión de tenerlo todo bajo control a los 19
Y el peso silencioso que eso conlleva.
En algún momento del camino, empecé a creer que a los 19 ya debería saberlo todo.
Qué carrera elegiré.
En qué tipo de persona me convertiré.
A qué camino se supone que debo ceñirme.
Es curioso cómo aparece esa presión sin que nadie lo diga directamente.
Está en la forma en que la gente habla de las prácticas.
En la forma en que se anuncian los logros.
En la forma en que se finge la seguridad en uno mismo.
Todo el mundo parece estar tan seguro.
Y a veces me quedo ahí pensando:
—¿Por qué yo no estoy tan segura?
Hay días en los que me siento ambiciosa e imparable.
Otros días cuestiono cada decisión que tomo.
¿Estoy haciendo lo suficiente?
¿Estoy eligiendo bien?
¿Estoy perdiendo el tiempo?
La presión no hace ruido.
Es sutil.
Suena así:
«Deberías ir más adelantada».
«Deberías tener un plan».
«Deberías tener más confianza».
Pero estoy empezando a entender algo.
Quizá a los 19 no se supone que una deba sentirse estable.
Quizá se supone que una debe sentirse en plena construcción.
Inacabada.
Caótica.
Cambiante.
Quizá no tenerlo todo bajo control no significa que me haya quedado atrás.
Quizá solo significa que todavía estoy construyendo.
Y construir lleva tiempo.
No lo tengo todo resuelto.
Pero estoy pensando.
Lo estoy intentando.
Aquí estoy.
Y quizá con eso baste por ahora. 🌿
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