Esa sensación de que todo el mundo va por delante
Ver a los demás avanzar mientras me pregunto en silencio si me estaré quedando atrás.
Hay días en los que me siento sinceramente bien con el punto en el que estoy.
Y entonces abro el móvil.
Alguien ha conseguido unas prácticas.
Alguien ha aprendido una habilidad nueva.
Alguien ha ganado un concurso.
Alguien sabe ya exactamente qué quiere hacer con su vida.
Y, de repente, empiezo a dudar de mí otra vez.
¿Estoy haciendo lo suficiente?
¿Debería haber llegado más lejos a estas alturas?
¿Y si me estoy quedando atrás?
Es extraño, porque sé que en realidad no estoy compitiendo con ellos.
Pero, a veces, siento que sí.
Olvido que solo estoy viendo fragmentos de sus vidas.
Veo sus logros,
pero no su incertidumbre.
Veo su progreso,
pero no los días en los que les costó seguir adelante.
Veo dónde están ahora,
pero no cuánto tiempo les llevó llegar hasta ahí.
Y, de algún modo, comparo todo eso con mi propio camino a medio terminar.
Quizá ese sea el problema.
Que no dejo de comparar mis entresijos con los momentos estelares de los demás.
Estoy empezando a darme cuenta de que cada persona tiene sus propios tiempos.
Hay quien encuentra su rumbo pronto.
Otros tardan años.
Y otros cambian de camino por completo.
Y tal vez mi viaje tenga que ser diferente.
No necesito alcanzar a nadie.
Solo necesito seguir avanzando en la dirección que yo sienta que es la correcta.
Aunque sea más despacio.
Aunque sea de forma caótica.
Aunque todavía esté intentando entenderlo todo.
Porque quedarse atrás solo existe cuando crees que hay un único cronograma fijo para todo el mundo.
Y no lo hay.
Así que hoy estoy intentando no preguntarme:
«¿Por qué no estoy donde están ellos?».
Me pregunto:
«¿Estoy un poco más cerca de donde quiero estar?».
Y si la respuesta es sí...
Quizá lo esté haciendo bien. 🌱
Comentarios
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en comentar!